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Conocí a Pepe Ribas hace pocos días, en la presentación del libro “Mis postales de Barcelona”, de Isabel Núñez. Generacionalmente he coincidido muy poco con él, nada. Al final del acto, en la Librería Central de la calle Mallorca de Barcelona, ​​me acerqué:


-“Pepe, me gustaría hacerte una entrevista”. 


No sé si habéis leído su libro “Los 70 a destajo” (editado en 2007 y reeditado en 2011), un relato muy particular de aquella época, los 70’s desde el punto de vista de un barcelonés creador del primer y el segundo AjoblancoOtros relatos de la época ya los había oído y por eso me ha interesado particularmente el suyo, a menudo tan criticado.


Pocos días después de la presentación quedamos en el Café de la Ópera de las Ramblas -el lugar lo elegí sabiendo que es de sus favoritos- y la conversación fue muy fácil y agradable, como veréis a continuación:


– ¿Echas de menos a tus padres? ¿Piensas a menudo en la gente que no está?


No, porque los tengo dentro de mí. Todo lo que me enseñaron de valores lo he reformado, pero ellos me dieron la educación con la que he crecido.


– A tu padre, ¿qué le gustaría de la Barcelona actual?


Fue una persona complicada de entender por las circunstancias que le tocó vivir. No había tenido padre, mi abuelo murió de una bala en 1909, justo antes de la Semana Trágica, en la estación de los Ferrocarriles de Sarrià, en un apeadero que había en la calle Aragón. Mi abuelo estaba creando una industria de muebles muy importante con artesanos de la madera mejor de Europa. Mi padre era muy anti-gente corrupta, no cobró nunca los cargos públicos que tuvo, no tenía sueldo. Vivió del dinero de la industria familiar. De hoy en día no le gustaría la corrupción y todo lo que implica…


Un día Pasqual Maragall me llevó al Palacio Nacional, actual MNAC, y me recordó mucho cosas que decía y hacía mi padre. Hay una etapa de Maragall, sobre todo la primera como alcalde, en la que estaba muy ilusionado con reformar Barcelona: quería crear parques públicos en todos los barrios que eran fruto de la especulación, en el cinturón industrial. Tenía esperanza de cambiarla. Pero después con el ‘superdiseño’, la moda, la propaganda, las subvenciones y el turismo, ya no ha sido así.


– Si pero la pregunta era: ¿qué le gustaría a tu padre de la Barcelona actual?


Toda la remodelación que se ha hecho en los barrios, en la periferia: crear espacios verdes, abrir, sacar degradación. Hay una parte muy positiva, sobre todo en Nou Barris. En Sant Andreu, en cambio, no. Era un barrio de artesanos -él me llevaba a menudo de pequeño- y ahora ya no quedan artesanos! Ahora los artesanos están en Santa Coloma de Gramanet y son ecuatorianos.


– Y a ti, ¿qué te gusta de Barcelona?


Haber nacido aquí. Barcelona me ha dado mucho pero últimamente también me ha dado disgustos y me han excluido. Habiendo hecho dos veces una revista importantísima para Barcelona nunca se me ha reconocido nada, al revés! Desde el poder se me ha tratado como un apestado… 


Pienso que hay una casta que se ha apoderado del dinero público para destruir mi país. Yo creo que el nacionalismo ha destruido Cataluña, porque no queda ningún pueblo auténtico de pescadores … ¡No queda nada! Todo son rotondas, carreteras, franquicias y polígonos industriales. No se ha potenciado lo que de verdad es nuestro, no se ha creado riqueza real, productiva, sino especulación, burbujas y farsa.


– ¿Y sin gobiernos nacionalistas catalanes crees que esto no habría pasado?


Lo que quiero decir es que habría sido necesario otro nacionalismo, que produjera y enriqueciera. Mira por ejemplo el paisaje de Alemania: allí han reconstruido los pueblos tal como eran y se preservan. Tú vas por el campo alemán y está preservado. En cambio, vas por el campo catalán y está destruido. Si yo amo a mi país no lo destruyo. 


Yo no he especulado nunca y he estado en los mejores lugares de Cataluña cuando no había nada: mi infancia en Camprodon, Calella de Palafrugell, el primer retiro en Menorca…


Cuando empecé a ir al Empordà, estaba absolutamente abandonado. Hubiera podido comprar muchas casas y especular pero yo sólo he conservado: he comprado una casa que estaba destruída y la he reconstruido. Compramos una casita en Menorca que era una ruina y la rehicimos tal como había sido. 


Pienso que hay que preservar, esto no quiere decir no ser moderno sino preservar tu identidad, producir los oficios de otro modo (carpinteros, herreros …) para que todo esto pueda acabar siendo tecnología. Aquí se ha estudiado mucho marketing pero se ha creado poco.Y el diseño catalán es en gran parte copia, hecho para crear estatus social, no riqueza real.


– ¿Crees que hemos mejorado en algo?


Sí, hasta la crisis había mucha menos pobreza que antes, ahora vuelve a haber pobreza. Se ha creado una inmensa clase media, muy mayoritaria. Pero el problema es que es muy acomodaticia. Con una mentalidad demasiado pequeña. Y para sobrevivir tienes que tener una opción industrial de exportación fuerte porque sino no puedes pagar pensiones, ni seguridad social, ni una buena educación…


Pero se ha mejorado mucho en calidad de vida. Por ejemplo, es increíble como ha mejorado el sistema de salud, hasta ahora (hasta los recortes) era el que funcionaba mejor en toda Europa.


Pero por ejemplo: ¡Barcelona se está volviendo a cerrar al mar! Han creado toda una nueva muralla de edificios especulativos (hoteles. ..) y de nuevo no vemos el mar, sobre todo en la parte del Moll de la Fusta. ¿Por qué pasa esto? Se avanzó mucho durante los años de la ilusión, pero llevamos 15 años deshaciendo muchas de las cosas que habían hecho bien.


– ¿Cuál sería hoy el titular de portada de Ajoblanco?


Huír de la autodestrucción creada. Volver a empezar. Reconocer errores y crear sentido común. Estimular a los creadores, a los que tienen iniciativa. Hacer un llamamiento a todos los que tengan iniciativas para crear un nuevo contexto social, político y cultural.Volver a empezar.


– Y qué temas tendrías en lista de espera?


Sintetizar lo que nos ha pasado los últimos 35 años, para entender dónde estamos en este mundo en el que tenemos que vivir y sobrevivir. Coger el modelo alemán y estudiarlo más. Para elegir lo mejor del modelo alemán, que es productivo y sostenible. Son los que lo están pagando todo, dentro del sistema europeo. Habría que seguir más el modelo alemán y menos el anglosajón, que es mucho más especulativo y de vivir del cuento y del turismo. ¡Tenemos que ser realistas!


– ¿Que recomendarías a la gente que ha participado del movimiento de los indignados?


Es un proceso. Que no pierdan la moral, la ilusión, que continúen creciendo en civismo, dieron una gran lección de civismo. La revolución francesa no se hizo en 15 días. Son procesos que se abren y creo que la juventud se está dando cuenta de que las cosas no iban por buen camino. Les recomendaría más formación, interrelación, romper tópicos y crear nuevas expectativas sociales y culturales.


– ¿Pero formación ya tienen, no? Todo el mundo tiene mucha formación…


No, porque hay formación pero también hay mucha deformación, se tiende a lo fácil, a hacer el negocio fácil, y no a pensar en el mañana sino sólo en el momento. Hay exceso de cultura del hedonismo. El hedonismo está muy bien pero no es un fin, es un medio. 


La educación está mal, la prueba es que no tenemos productividad. Todo el mundo espera la subvención. Hasta ahora todo el mundo buscaba la seguridad, quería ser funcionario o trabajar en La Caixa. El riesgo no existe en este país, todo el mundo tiene miedo y todo el mundo está hipotecado.


– ¿Cómo te informas?


Hace años que no leo diarios españoles. La televisión no la miro de manera regular tampoco desde hace años, sólo el fútbol y lo que venga después. No tengo tiempo y, además, la saturación de información es muy mala. Con la información que te llega tienes que ser muy sutil, no ahogarte, ir a lo esencial, porque si sabes lo que es esencial ya sabes los movimientos que hay.


El gran “diario” para mí ha sido el hecho de vivir una temporada en Alemania, cotidianamente, con alemanes y viajando por Alemania y Ucrania. Intentando entender el mundo eslavo y centro-europeo, la historia del siglo XX en Europa. Para mí esto ha sido una manera de informarme de lo que está pasando ahora, porque la actualidad no es información. A mí no me interesa saber lo que dice el político de turno hoy sino entender por dónde vamos, para dónde va el mundo. 


Y después, cómo me sitúo yo con mi comunidad dentro de este mundo. Para mí ha sido mucho más importante lo que he visto que lo que pueda leer en un diario. Puedo leer a fondo un libro, porque tiene una coherencia interna. También es importante estar muy abierto a otras culturas, al intercambio, porque es la forma de reforzarte.


– ¿Lees algún periódico de fuera?


Die Zeit.


– ¿Y webs?


Muchas, multitud. Pero en Internet tienes que tener un instinto y descubrir en seguida dónde hay mentiras y donde hay verdades. Porque hay mucha información. Y sobre todo, tienes que encontrar informaciones partiendo de tu propio criterio. Pero para hacerlo tienes que tener una buena formación y esta se consigue con práctica, no sólo con teoría. 


La universidad de aquí no funciona, debería interactuar mucho más. Muchas cátedras están cogidas por “rentistas” y no por gente expansiva. Intentan meterte su religión en la cabeza en vez de abrirte la mente, que es lo que tiene que hacer una buena educación, para que te puedan entrar muchas cosas en la cabeza y no cerrarte para defender lo poco que sabes. 


La norma debería ser reinventarse siempre… Y en cambio, el eslogan que nos está matando es: “Conserva lo que tienes”, en vez de “crece”. Hay un sistema que te detiene …


– ¿Qué echas de menos en los medios de comunicación actuales?


Formación, libertad y no miedo. Yo en estos momentos no puedo escribir un artículo serio de lo que está pasando en ningún diario porque estoy censurado. Llamo para publicar artículos de opinión y no puedo. No me cogen el teléfono. ¿Por qué? Con la experiencia que tengo, lo que he vivido, lo que he visto, lo que he creado… es indignante. Y gente como yo hay muchísima… Hoy en día, muchos de los periodistas que están en diarios lo que hacen es contentar al director y eso no es libertad.


– ¿Cómo te imaginas a España y a Cataluña dentro de 10 años? ¿Cambiarán cosas?


Es muy difícil saberlo porque pasará lo que quieran los de fuera. Nosotros no decidiremos. Ni los españoles, ni los catalanes decidiremos absolutamente nada. Este es el legado de los 35 años de farsa democrática.


– ¿Y quién decidirá … los mercados? ¿Europa?


… No lo sé pero en todo caso, nosotros no. Esta es la gran desgracia y la gran metáfora del nacionalismo conservador catalán. Pujol fue muy caudillista, como De Gaulle, pero sin la política republicana y democrática francesa. Sin “Institute de l’Homme”.


– ¿Qué te gustaría haber hecho dentro de 10 años?


Una gran obra literaria. Y concluir el Ajoblanco como un ejemplo colectivo de creatividad, de hacer cultura de otra manera.


– ¿Esta crisis, tenía que pasar?


¡Es que dos y dos son cuatro! Si como cada día azúcar, ¡seré diabético!


– ¿Cuáles son tus libros de sobremesa?


Ahora mismo “El mundo de ayer” de Stephen Zweig. La literatura centro europea de entre guerras en general. Y los libros que aparecen sobre la primera y segunda guerra mundial.


– De lo que se hace en cultura, ¿qué te interesa más?


Hay películas muy interesantes, documentales fabulosos. Están saliendo libros de historia muy interesantes. Me gusta mucho todo lo que trata la sensibilidad o la construcción de comunidades con igualdad, libertad, respeto de la opinión de los demás… Todo lo que alimenta la cultura del respeto hacia lo que piensa el otro sin que me ofendan a mí.


– Si te hicieran elegir algo que has perdido, ¿qué escogerías?


Un amor.


– ¿Un lugar de Barcelona que te dé buen rollo?


El Café de la Ópera, Montjuïc… Todo lo que tenga pátina del tiempo, que haya tenido memoria. El Jardín del Ateneu… Y como cosa nueva, me gusta mucho la biblioteca de la Universitat Pompeu Fabra de la Ciutadella. Como espacio reconvertido lo encuentro genial.


– ¿Qué le recomendarías al alcalde de Barcelona?


Que dé a la gente joven y con iniciativa espacios que se autogestionen para que aprendan modelos nuevos por ellos mismos, con práctica. Que no les digan cómo debe ser el modelo. El sistema anti-Mascarell. Pero no en cultura, en todo. Yo aprendí periodismo haciendo periodismo, no en la escuela. Que potencie diferentes focos de creadores, que tengan posibilidades de hacer periódicos, empresas, proyectos culturales sin un modelo preconcebido…


– ¿Qué les recomendarías a los jóvenes?


Menos hedonismo y más creación de cosas que les llenen de entusiasmo: revistas, ateneos, pequeñas industrias …


– Pero hedonismo también, no?


Yo creo que hay hedonismo en exceso. Lo de la borrachera, el pasotismo, tanto fútbol… La vida no es un espectáculo. Hay que saber regular. ¡No te puedes pasar todo el tiempo esperando que llegue el fin de semana! Cuando yo hacía el Ajoblanco para mí el mejor día de la semana ¡era el lunes! Y nadie lo entendía… Llegaba con fuerza de investigar, leer, buscar, con pasión.


– Eso sólo pasa si tu trabajo es tu vocación…


Sí pero es que la vocación la alimentas. Te la inventas, con estímulos…


– ¿Qué aprendiste haciendo Ajoblanco?


Fue una atalaya independiente. La única publicación totalmente independiente, incluso de la publicidad: no tenía publicidad.Vivíamos del lector que era quien construía la revista. Las últimas páginas de la revista se llamaban “La Cloaca” y fueron como un pre-Internet. Convocábamos a los lectores, hacíamos colectivos por todas partes. Íbamos con los 600 llenos de revistas por universidades, centros culturales y bares raros que empezaba a haber por todas partes. Creábamos colectivos de cine, teatro, música, de autogestión. Les dábamos un espacio para que hicieran un dossier y hacíamos un número especial. A los ecologistas les dimos dinero para que hicieran la primera revista ecológica de España: Alfalfa. 


Quiero decir que cuando quieres, las cosas se pueden hacer. Incluso ahora, con gente, yo me atrevería a sacar una revista o lo que fuera. Pero con gente quiere decir gente que no esté esperando el fin de semana o la primera pastilla. Internet es solitario y para eso ya tengo la literatura. Pero crear en grupo sí lo haría. 


Es que estoy muy marcado por el Ajoblanco, que era una empresa colectiva. Siempre di libertad, nunca coarté.


– ¿Qué haces ahora?


Vivo en el Empordà y paso 14 horas cada día leyendo o escribiendo, aunque publico poco.


– ¿Aún eres anarquista?


Soy libertario. Nací libertario y moriré libertario. No he traicionado nada de lo que pienso. Sigo pensando lo que pensaba. Pero muchas cosas han cambiado. Por ejemplo: veo a Cataluña con futuro si tiene un tejido productivo que exporte, pero de verdad. No me sirve que me digan: “la mitad de lo que exporta España es catalán”. Para mí eso no es motivo. El día que me digan: “Estamos produciendo para poder ser independientes” diré: “¡Vale!” Pero que no me comparen constantemente Cataluña con España, lo encuentro ridículo, es excusa de niña de escuela de monjas …


– ¿Los buenos amigos son para siempre?


En mi caso sí porque valoro mucho la amistad. Renuncié a tener hijos para tener amigos. Yo he sido bastante fiel y muy afortunado, tengo muy buenos amigos. ¿Como me informo? A través de mis amigos. El segundo Ajoblanco, por ejemplo, fue una fábrica de personajes. Por él pasaron más de 4000 colaboradores…


– ¿Qué recomiendas ante esta crisis?


Generosidad, apoyo mútuo y emprender cosas en común. No hay otra. Y olvidar el resquemor y el miedo a lo solidario.


(Si voleu llegir la versió en català cliqueu aquí)

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